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Correr un kilómetro más: carreras solidarias, placas de carbono y qué material comprar de segunda mano

Cuánto de tu dorsal llega de verdad a la causa, qué mejora medida aporta una zapatilla de placa de carbono y cuánto dura, y qué material deportivo conviene comprar usado y cuál no tocar nunca.

PabloSaver357

PabloSaver357

14 de agosto de 2026
Correr un kilómetro más: carreras solidarias, placas de carbono y qué material comprar de segunda mano

Hay una frase que resume bien por qué en España se corre tanto: corre un kilómetro más. Aparece en camisetas, en dorsales y en el nombre de proyectos solidarios que llevan años usando el mismo mecanismo, que consiste en convertir algo que ibas a hacer igualmente, salir a correr, en dinero para alguien que lo necesita.

Ese cruce entre deporte popular y solidaridad mueve en España más gente de la que parece. Y por debajo hay un mercado de material que casi nadie mira con calma: el de las zapatillas, donde en diez años ha pasado algo que ha cambiado los tiempos de todo el mundo y ha multiplicado los precios.

Vamos con las dos cosas.

Correr por algo, no solo correr

La carrera solidaria funciona porque encaja tres intereses a la vez. El corredor entrena igualmente y tiene una excusa para marcarse una fecha. La organización consigue voluntarios y visibilidad sin montar un evento desde cero. Y la causa recibe dinero de gente que probablemente no habría donado por su cuenta.

Los números de una temporada normal en España dan idea de la escala. El Circuito de Carreras Populares de Ciudad Real reunió en 2025 a más de 19.000 corredores, de los cuales cerca de 6.000 eran niños y niñas en las pruebas de base. Y eso es una sola provincia, en un solo circuito.

En el terreno específicamente solidario, la Carrera Solidaria de ATADES juntó en su edición de 2025 a más de 3.800 corredores, y lo recaudado se destina a becas de terapias para menores de 21 años cuyas familias no pueden costearlas, con el objetivo de llegar a 25 becas.

Dónde va el dinero, que es la pregunta incómoda

Aquí conviene ser concreto, porque "carrera solidaria" es una etiqueta que se usa para cosas muy distintas.

Hay carreras donde la inscripción cubre la organización y solo el sobrante va a la causa. Hay otras donde se dona una cantidad fija por dorsal. Y hay algunas donde va todo.

El modelo de la Carrera por la Solidaridad que organiza la Fundación Deportiva Municipal de Valencia es de los más claros que se pueden encontrar: el 100% de las inscripciones se destina a las causas solidarias, y además el corredor elige. El 70% del importe va a la causa que ha escogido y el 30% restante se reparte entre las otras dos.

Ese detalle del reparto no es decoración. Resuelve el problema clásico de estas carreras, que es que la causa más conocida se lleva todo y las otras dos se quedan sin nada por el simple hecho de tener menos difusión.

Cuando te inscribas en una carrera solidaria, la pregunta que conviene hacer es sencilla y educada: qué porcentaje de mi dorsal llega a la causa. Una organización seria lo tiene publicado. Si no lo encuentras y nadie te lo contesta, ya sabes bastante.

Y ahora, las zapatillas

En 2016 pasó algo que dividió la historia del running popular en dos. Aparecieron las zapatillas con placa de carbono embebida en una mediasuela de espuma nueva, y los tiempos empezaron a bajar de forma tan uniforme que hubo que cambiar los reglamentos.

Qué hace realmente la placa

La explicación de marketing es que la placa "te impulsa". La explicación real es más interesante. La placa rígida trabaja junto con la espuma: permite que la mediasuela se comprima y se expanda de forma controlada, devolviendo parte de la energía en la dirección del movimiento en lugar de disiparla lateralmente. La placa sola no hace nada. La espuma sola tampoco. El invento es la combinación.

Cuánto mejora, con números

Esta es la parte donde conviene desconfiar de las cifras redondas de las marcas.

La investigación biomecánica sitúa la mejora de eficiencia entre un 3% y un 5%. El estudio fundacional midió una mejora media cercana al 4% en economía de carrera frente a zapatillas de competición tradicionales.

Pero el dato que de verdad importa es otro: la varianza individual es enorme. En esos mismos estudios hubo sujetos que respondieron con un 2% y otros que pasaron del 6%. No es una mejora garantizada, es una media con mucha dispersión alrededor.

Traducido a lo práctico: hay corredores a los que la placa les cambia la marca y corredores a los que casi no les hace nada. Y no se puede saber de antemano cuál eres sin probártelas.

Cuando hubo que cambiar el reglamento

La mejor prueba de que el invento funcionaba es que el organismo que rige el atletismo mundial tuvo que legislar sobre él.

En 2020, World Athletics fijó dos límites que siguen vigentes para las zapatillas de asfalto:

  • Grosor máximo de mediasuela: 40 milímetros.
  • Una sola placa rígida de fibra de carbono o de cualquier otro material, tanto si recorre la zapatilla entera como si solo cubre una parte.
Esa segunda condición es la que impidió la escalada. Sin ella, la carrera armamentística habría continuado con dos y tres placas, y el debate habría dejado de ser sobre atletas para pasar a ser sobre ingeniería.

También conviene recordar que esto no fue cosa de una sola marca. En diciembre de 2020, en Valencia, Kibiwott Kandie batió el récord del mundo de medio maratón calzando unas adidas Adizero Adios Pro, precisamente el modelo que abre este artículo. Cuando todas las marcas tienen la tecnología, la ventaja deja de ser de nadie y se convierte en el suelo mínimo.

El problema del que no habla la publicidad

Las zapatillas de placa duran menos. Bastante menos.

| Tipo | Vida útil aproximada |
|---|---|
| Zapatilla convencional de entrenamiento | 600 a 800 km |
| Zapatilla de placa de carbono | 250 a 400 km |

La espuma avanzada que hace posible el rebote se degrada mucho más rápido que la goma tradicional. O sea que estás pagando el doble o el triple por un producto que dura la mitad.

Haz la cuenta con tus propios kilómetros. Alguien que corre 40 km a la semana se come 400 km en diez semanas. Si usa las de placa para todo, está cambiando de zapatillas cada dos meses y medio.

Cómo saber si tus zapatillas están muertas

No existe un contador, pero hay cuatro señales bastante fiables y ninguna requiere conocimientos técnicos.

Llevas la cuenta y pasaste el número. Es lo más simple y lo más ignorado. Si sabes que rondas los 700 km en unas convencionales, no busques más señales.

Aparecen molestias nuevas sin cambiar nada más. Espinillas, rodillas o planta del pie que empiezan a quejarse cuando tu entrenamiento no ha cambiado. La amortiguación muerta transmite al cuerpo lo que antes absorbía.

La prueba del retorcido. Coges la zapatilla por delante y por detrás y la giras. Si cede mucho más de lo que recuerdas, la mediasuela ha perdido estructura.

Miras la suela desde atrás. Pon las dos en el suelo a la altura de tus ojos. Si se inclinan hacia dentro o hacia fuera en lugar de apoyar planas, están deformadas de forma permanente.

La trampa está en que la parte de arriba puede seguir impecable. El tejido no se gasta al ritmo de la espuma, y eso hace que una zapatilla acabada parezca nueva. Por eso comprar zapatillas usadas es tan mala idea, y por eso es tan buena idea comprarlas sin estrenar.

Cómo elegir sin tirar el dinero

La pregunta correcta no es qué zapatilla es la mejor, sino para qué la quieres.

Para rodar todos los días. Una zapatilla de amortiguación convencional. Aquí es donde tienes que gastar bien, porque es donde vas a acumular el 80% de tus kilómetros. Duran el doble y protegen más.

Para series y ritmo. Una zapatilla más ligera y con algo de respuesta, con o sin placa. Algunas marcas hacen versiones con placa de nailon en lugar de carbono, que dan parte del efecto y aguantan más.

Para competir. Ahí sí, la de placa de carbono. Pero úsala para competir, no para entrenar. Es material de carrera, no de rodaje.

Para trail. Otro mundo. Manda el agarre y la protección del pie, no el retorno de energía. Una placa de carbono en un sendero técnico es casi un inconveniente.

Y una regla que ahorra lesiones: no estrenes zapatillas de placa el día de la carrera. Cambian la mecánica de la pisada y cargan de forma distinta el tendón de Aquiles y los gemelos. Si nunca las has usado, el peor día para descubrirlo es el día del maratón.

La segunda mano en material deportivo: qué sí y qué no

Aquí hay una línea muy clara y conviene tenerla presente porque no es intuitiva.

Lo que NO compraría usado

Zapatillas de correr con kilómetros encima. Y no por higiene, por física. La amortiguación se degrada por dentro sin que se vea nada por fuera. Una zapatilla puede tener la suela impecable y la mediasuela muerta. Compras algo que parece nuevo y te lesionas.

La excepción, y es importante: zapatillas sin estrenar o con muy pocos kilómetros. Hay mucha gente que compra su talla mal, o que recibe un regalo que no usa, o que se apunta a un maratón y se lesiona antes. Ese material sí vale, y suele estar muy por debajo del precio de tienda. La pregunta al vendedor es una sola: cuántos kilómetros llevan.

Lo que sí, y con mucha diferencia

Bicicletas y rodillos. Un cuadro no se cansa. Aquí el ahorro es enorme y el riesgo, bajo.

Pulsómetros y relojes GPS. Aparatos electrónicos que envejecen por software, no por uso. Un reloj de hace tres años sigue midiendo el pulso igual de bien.

Ropa técnica. Se lava y queda como nueva.

Material de gimnasio en casa. Discos, mancuernas, bancos. Es hierro. No hay nada que se estropee, y es voluminoso y caro de enviar, así que se vende barato y cerca.

Textil y mochilas de trail. Salvo cremalleras rotas, aguantan años.

En el [mercadillo de Zokko](https://zokko.es/mercadillo) puedes filtrar por zona, que en material deportivo importa más de lo que parece: una bici o un rodillo son caros de enviar y conviene verlos en mano. Tienes la sección de [deportes de segunda mano](https://zokko.es/mercadillo/segunda-mano/deportes/) con todo lo anterior, y si buscas material antiguo o ediciones concretas, la de [coleccionismo](https://zokko.es/mercadillo/segunda-mano/coleccionismo/).

Lo que cuesta correr de verdad

Correr tiene fama de ser el deporte barato, y en parte lo es: no hay cuota, no hay pista, no hay equipo. Pero si te metes en el circuito completo, la cuenta anual sale así.

Dos pares de zapatillas de entrenamiento al año, si haces kilómetros de verdad. Uno de competición si compites en serio, que dura una temporada corta. Ropa técnica de invierno y de verano. Un reloj, que se amortiza en varios años. Y las inscripciones, que en carreras populares se mueven en cifras modestas pero se acumulan si haces varias.

De todo eso, lo único que no conviene ahorrar es el par de rodaje. Es lo que llevas puesto la inmensa mayoría de los kilómetros y lo que decide si acabas la temporada entero o con una fascitis.

Lo demás admite segunda mano sin ningún problema, y ahí es donde está el ahorro real.

Volviendo al principio

La idea de correr un kilómetro más por alguien que no eres tú es vieja y funciona porque no pide nada extraordinario. No hace falta ser rápido, ni federarse, ni comprarse nada. Solo hace falta apuntarse.

Y si de camino se puede hacer con material que ya existía, que alguien tenía guardado y no usaba, mejor todavía. Es la misma lógica aplicada a otra cosa: aprovechar lo que ya está ahí en lugar de fabricar algo nuevo.


Fotografía: Pangalau, [Wikimedia Commons](https://commons.wikimedia.org/wiki/File:AdizeroAdiosPro_3.jpg), bajo licencia [CC BY-SA 4.0](https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0/).

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