Gusto by Colomer: once zapatos con nombre propio y una suela que se acordaba de tu pisada
Nació en noviembre de 2011, vendía calzado clásico hecho a mano por internet y hacia 2017 ya no estaba. La historia de una marca española que hizo bien casi todo menos sobrevivir.

Elena San Román

Hay un tipo de negocio que aparece cada cierto tiempo en España, funciona durante unos años, deja buen recuerdo entre quienes lo conocieron y luego desaparece sin ruido. Gusto by Colomer fue uno de esos.
Vendía zapatos de vestir para hombre por internet. Nació en noviembre de 2011 y hacia 2017 ya no estaba. En medio hubo una tienda en Madrid, once modelos con nombre propio, una patente de suela y una idea que sigue siendo válida aunque la marca ya no exista.
La idea: las tres B
Los fundadores fueron dos hermanos, Gonzalo y Jaime Gutiérrez Colomer. Su diagnóstico del mercado cabía en una frase que repitieron mucho: los zapatos de vestir formales que encuentras en casi todos los sitios tienen un precio elevado y encima no son cómodos.
Su propuesta la resumían con una expresión castiza que aparecía en su propia web: "un zapato clásico hecho a mano capaz de conjugar las tres B: bueno, bonito y barato".
Empezaron con once diseños clásicos adaptados a los tiempos modernos. La descripción de estilo que daban era precisa: una fusión entre el tradicional gusto británico y la elegancia y modernidad del diseño italiano. Es decir, la horma y la sobriedad de Northampton con el acabado y la línea de Italia.
Y luego el toque que le daba carácter a todo: los zapatos tenían nombre. No referencia, ni código. Nombre.
> Don Gonzalo, Don Fernando, Don Nicolás, Don Jaime, Don Carlos, Don Antonio, Don Javier, Don Juan, Don Ramón, Don Ricardo y D. Daniel.
Había además línea infantil, con un Don Gonzalo Jr. que era la versión pequeña del modelo insignia.
En una entrevista de mayo de 2012, Gonzalo Colomer lo dejó dicho sin rodeos: "Somos una marca muy española y queremos seguir siéndolo". En la misma conversación soltó otra frase que explica bastante bien de dónde salía el proyecto: "Nunca en mi vida volvería a trabajar por cuenta ajena".
Memory Sole, que era lo único realmente nuevo
Casi todo lo demás que hacían ya lo hacía alguien. Lo que sí era suyo era la suela.
La llamaron Memory Sole y la registraron. La definición que daban en su web es de las pocas descripciones técnicas de marca que se entienden a la primera:
> Un material flexible de caucho perfectamente integrado en la horma, que se adapta a la pisada del pie y luego recupera su estado original.
El objetivo era declarado y muy concreto: que unos formal shoes no se convirtieran en un suplicio después de un día entero de trabajo.
Ese es un problema real de los zapatos de vestir clásicos, y no es un problema de precio. Un zapato de suela de cuero rígida y construcción tradicional es precioso, dura décadas y necesita semanas de adaptación al pie. Meter una capa elástica en la horma era una manera sensata de saltarse ese peaje.
El precio, y lo que pasó con él
Aquí es donde la historia se vuelve interesante, porque los números cuentan el final antes de que ocurra.
En 2012 los zapatos se movían entre 99 y 220 euros, con la mayor parte del catálogo alrededor de los 178 a 198 euros. Para un zapato hecho a mano, es un precio agresivo y coherente con las tres B.
En octubre de 2013, sin embargo, su propia portada mostraba los cuatro modelos más vendidos, Don Ramón, Don Jaime, Don Carlos y Don Javier, con el precio habitual tachado y una etiqueta debajo: ahora por sólo 39 euros.
De 198 a 39 no es una promoción. Es liquidación de inventario.
La marca aguantó unos años más y llegó a tener versiones para Reino Unido, Alemania y Portugal, además de una tienda física en Madrid abierta en la primavera de 2012 y secciones propias de contenido como Gusto Magazine y un configurador llamado Mix & Match. Pero el descuento del 80% en los superventas es la clase de dato que no se puede maquillar.
La marca hermana, que sí duró un poco más
Los mismos hermanos tenían en marcha una segunda marca, esta de relojes: Colomer & Sons. En diciembre de 2016 lanzaron su colección de 2017 a través de Kickstarter, buscando financiación de la comunidad en lugar de la vía tradicional.
Es un detalle que dice mucho del momento. Vender relojes por micromecenazgo en 2016 era lo que hacía todo el mundo que no tenía acceso a distribución clásica. Funcionó para algunos y no funcionó para la mayoría.
Qué se aprende de una marca que se fue
No hace falta convertir esto en una lección de manual, pero hay tres cosas que sí se sostienen.
Que un producto sea bueno no basta. La suela funcionaba, los zapatos gustaban y la prensa económica les hizo caso. Aun así no llegó.
Vender zapatos por internet es difícil por una razón muy tonta: la talla. El calzado de vestir clásico no perdona medio número, y el coste de las devoluciones se come el margen. Es el mismo motivo por el que tantas marcas de calzado online de aquellos años acabaron igual.
Y lo tercero, que es lo que de verdad importa para quien lea esto hoy: los zapatos buenos no se estropean. Un zapato de construcción clásica, con corte de piel entera y suela recambiable, aguanta décadas. Lo que se gasta es la suela, y la suela se cambia.
Por qué el calzado clásico es de lo mejor que se compra usado
Aquí hay una diferencia importante respecto a otras cosas que se venden de segunda mano, y conviene entenderla porque es contraria a la intuición.
Las zapatillas deportivas son mala compra usada: la espuma de la mediasuela se degrada por dentro sin que se note nada por fuera. Compras algo que parece nuevo y no amortigua.
El zapato de vestir clásico es exactamente lo contrario. No lleva espuma. Lleva piel, cuero y a veces corcho. Todo eso se puede reparar, alimentar y sustituir. Un zapato con veinte años y una suela nueva es un zapato con veinte años y una suela nueva, no un zapato acabado.
Lo que hay que mirar al comprar uno usado es corto:
El corte de piel. Si tiene grietas profundas en la flexión del empeine, la piel se ha secado sin cuidado y ya no se recupera. Arrugas normales sí, grietas no.
El contrafuerte del talón. Aprieta el talón por los lados. Si cede como si fuera tela, la pieza rígida interior está rota y el zapato no sujeta.
La suela y el cosido. Una suela gastada no es un problema, es una reparación. Un cosido roto o una suela pegada en lugar de cosida sí lo es, porque limita cuántas veces se puede recambiar.
La horma, que es lo que no se arregla. Si el zapato es de otra horma que la tuya, no hay ajuste posible. Por eso conviene comprar usado de marcas cuya horma ya conoces.
En el [mercadillo de Zokko](https://zokko.es/mercadillo) el calzado y la ropa de vestir están en [moda y accesorios de segunda mano](https://zokko.es/mercadillo/segunda-mano/moda/), donde se puede filtrar por zona, que en calzado importa más de lo que parece: probárselo antes ahorra la devolución que hundió a media industria del zapato online.
El recuerdo
Gusto by Colomer duró poco y no cambió nada. Pero hizo un par de cosas bien que se siguen echando de menos: le puso nombre propio a cada zapato en un sector que los numera, y se tomó en serio que un zapato elegante también tiene que dejarte andar.
Once modelos con nombre de señor y una suela que se acordaba de tu pisada. Para una marca que apenas vivió cinco años, no está mal como epitafio.
Nota editorial: este artículo es un texto de opinión y memoria sobre una marca desaparecida. Zokko no tiene ninguna relación, vínculo comercial ni acuerdo con Gusto by Colomer, con Colomer & Sons ni con sus fundadores, y no vende ni distribuye sus productos. Las citas proceden de declaraciones publicadas en prensa y de la propia web de la marca, hoy fuera de servicio.
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