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Anuncios por palabras: cómo los clasificados pasaron del periódico a las apps

Del primer diario español, que en 1758 ya publicaba ventas y alquileres, a Segundamano, Craigslist y Wallapop: así se movieron los clasificados.

Pablo Arranz

Pablo Arranz

27 de octubre de 2026
Anuncios por palabras: cómo los clasificados pasaron del periódico a las apps

Foto de portada: anuncios del Diario de Madrid del 27 de septiembre de 1845, dominio público, vía Wikimedia Commons, recortada.

En una página del Diario de Madrid del 27 de septiembre de 1845 hay cosas que hoy estarían en una aplicación de segunda mano. Una carpintería busca un mostrador y un tablero de nogal, y pide que le avise quien tenga uno a la venta. Un retratista de la calle del Olivo Alto ofrece retratos al daguerrotipo por 30 reales, con muestras expuestas en la calle de la Montera, al lado del café de Amato, y avisa de que retrata de nueve de la mañana a cuatro de la tarde «tanto con sol como estando nublado». Más abajo se vende una carretela hecha en París, «en buen estado» y de doble suspensión.

Casi dos siglos después, un anuncio cuenta lo mismo: qué se vende, cómo está, cuánto cuesta y dónde se puede ver. Han cambiado el sitio donde se publica y quién paga por publicarlo.

1758: ventas, alquileres, ofertas y demandas

El 1 de febrero de 1758 salió en Madrid el Diario noticioso, curioso-erudito y comercial, público y económico, que se considera el primer periódico diario de España. Lo fundó Francisco Mariano Nifo, un periodista nacido en Alcañiz en 1719 que llegó a crear más de veinte periódicos. El permiso real se le dio el 18 de enero de ese año a nombre de «Don Manuel Ruiz de Uribe», uno de los seudónimos que usaba.

El diario tenía dos partes. Una era de divulgación, con artículos de opinión que a menudo eran traducciones del francés. La otra era de información económica, y en ella se anunciaban ventas, alquileres, ofertas y demandas. Desde 1788 se llamó Diario de Madrid y salió hasta finales de 1814. En 1825 apareció su heredero, el Diario de avisos de Madrid, que con varios cambios de cabecera duró hasta finales de 1918.

Recorte de un periódico de 1788 con un anuncio del maestro de hacer coches de la calle de Tudescos

Anuncio del Diario de Madrid del 19 de julio de 1788: el maestro de hacer coches de la calle de Tudescos vende un forlón y una berlina «a la inglesa». Dominio público, vía Wikimedia Commons.

Por qué se llamaban anuncios por palabras

En los periódicos, estos anuncios se cobraban por palabra o por línea y ocupaban el ancho de una columna, así que eran cortos. Se ordenaban por clases, como venta, compra, alquiler, empleo o servicios, y de ahí viene el nombre de clasificados. No llevaban fotos: quien quería la carretela tenía que ir a verla. Los periódicos les dedicaban secciones propias, y para muchos diarios locales eran una parte importante de lo que ingresaban.

Segundamano, del quiosco a la pantalla

Segundamano nació en 1978 como un periódico impreso solo de anuncios clasificados. En 2008 dejó el papel y quedó únicamente en internet, y en 2009 sacó su versión para móviles y sus aplicaciones. Como portal dejaba publicar gratis a los particulares y no intervenía en la venta: ponía en contacto a quien vendía con quien compraba. En 2014, según OJD Interactiva, tenía 10 millones de usuarios únicos, 30 millones de visitas y 671 millones de páginas vistas al mes.

En noviembre de 2015 cambió de nombre y pasó a llamarse vibbo, con 2,5 millones de anuncios activos repartidos en 77 categorías, desde objetos pequeños hasta coches y pisos. Era de Schibsted, el grupo noruego que en España tenía también Milanuncios, InfoJobs, Fotocasa y Coches.net. A finales de 2020 vibbo desapareció y se integró en Milanuncios.

Lo que Craigslist les quitó a los periódicos de Estados Unidos

Craig Newmark empezó Craigslist en 1995 como una lista de correo con la que avisaba a sus amigos de planes en la bahía de San Francisco. En 1996 pasó a ser una web, fue sumando secciones de anuncios y en 2000 empezó a abrirse en otras ciudades de Estados Unidos y Canadá.

Robert Seamans, de la Universidad de Nueva York, y Feng Zhu, de la Escuela de Negocios de Harvard, midieron su efecto en la prensa local en un estudio publicado en Management Science en 2014. Calcularon que entre 2000 y 2007 quienes ponían anuncios clasificados se ahorraron unos 5.000 millones de dólares, y que los periódicos locales dejaron de ingresar miles de millones porque quien antes anunciaba en el periódico se fue a Craigslist. En los diarios que más dependían de los clasificados, los que tenían un responsable de esa sección, el precio del anuncio clasificado bajó un 20,7 %, la suscripción subió un 3,3 %, la difusión cayó un 4,4 % y el precio de los anuncios grandes, los de display, bajó un 3,1 %, según el resumen de la Universidad de Nueva York. Según la Harvard Business Review, además, acostumbró a la gente a que poner un anuncio clasificado fuera gratis.

Del ordenador al móvil

Después llegaron las aplicaciones. Wallapop, una empresa de Barcelona, nació en 2013 con una aplicación que usa la ubicación del teléfono para enseñar lo que se vende cerca de quien busca. En 2017 llegó a un acuerdo con Correos para enviar los paquetes de lo que se vende en ella, y en 2021 recibió una inversión de 157 millones de euros que valoró la empresa en 690 millones.

Lo que sigue igual desde 1845

El retratista de la calle del Olivo Alto decía dónde estaba, cuánto cobraba, a qué horas atendía y dónde se podían ver sus trabajos, y un anuncio de hoy funciona con lo mismo. Ayuda un título que diga qué es, con la marca y el modelo si los tiene, y una descripción del estado real con los defectos a la vista. También fotos hechas por uno mismo y con buena luz, un precio claro y la zona donde se puede ver o recoger. Sirve para cualquier web de anuncios, también para el Mercadillo de Zokko.

El comprador de 1845 iba a ver la carretela antes de pagarla. En internet conviene hacer lo mismo o usar un envío con pago protegido, desconfiar de quien pide seguir la conversación fuera de la aplicación y no dar más datos personales de los necesarios.

Pablo Arranz

Pablo Arranz

Escribe en La Plaza sobre dinero, consumo y actualidad.

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