El aval del Estado para comprar casa con un 5%: por qué casi nadie lo pide
La medida estrella para la vivienda joven sigue viva y prorrogada hasta 2027, pero el balance de su primer año completo deja una pregunta incómoda: si el muro es el ahorro, ¿por qué apenas hay quien lo solicite?
Ramón Ibarra

El relato es atractivo y, sobre el papel, justo. Una persona joven con sueldo y trabajo estable puede pagar la cuota de una hipoteca, a veces incluso más barata que el alquiler que ya soporta. Lo que no tiene es el colchón de ahorro que la banca exige por costumbre: un 20% del precio de la vivienda, más impuestos y gastos. En una ciudad media, eso son decenas de miles de euros guardados que casi nadie de menos de 35 años ha conseguido reunir.
El aval ICO de vivienda joven nació precisamente para derribar ese muro. Y sigue en pie. El plazo para formalizar préstamos vencía el 31 de diciembre de 2025, pero se ha prorrogado dos años más, hasta el 31 de diciembre de 2027. La medida está viva hoy. La paradoja es que, en su primer año completo, apenas se ha usado.
Qué es exactamente y cómo permite entrar con un 5%
El mecanismo es sencillo de explicar. El Estado, a través del ICO, no presta dinero ni regala nada: avala. Garantiza ante el banco hasta el 20% del importe del préstamo, ampliable al 25% si la vivienda tiene una calificación energética D o superior. Ese aval cubre la parte que normalmente tendrías que poner tú de tu bolsillo.
La cuenta cambia por completo. En una compra clásica, el banco financia el 80% y tú aportas el 20% restante más los gastos. Con el aval público de por medio, esa entrada se reduce al 5%, porque el respaldo estatal cubre el tramo que falta hasta el porcentaje habitual. Sigues necesitando ahorro para impuestos y notaría, pero el salto inicial deja de ser un muro y se convierte en un escalón.
Los requisitos acotan a quién va dirigido. Hay que tener menos de 35 años o hijos a cargo, y la vivienda no puede superar los 325.000 euros. Tiene que ser la primera vivienda y destinarse a residencia habitual. El aval no añade interés extra: lo concede el ICO y lo gestiona el banco con el que firmas, dentro de la lista de entidades adheridas.
Los números del primer año: la promesa frente a la caja
Aquí es donde el discurso choca con el balance. En su primer año completo, el aval ICO suma 10.453 operaciones avaladas. De ellas, 7.503 corresponden a jóvenes menores de 35 años y 2.950 a familias con menores a cargo. No es una cifra ridícula, pero tampoco la avalancha que cabría esperar de una medida estrella.
El dato que de verdad pesa es el del dinero. Se han concedido 255,8 millones de euros en avales sobre una dotación total de 2.500 millones disponibles. Es decir, apenas el 10% del músculo financiero reservado se ha activado. Nueve de cada diez euros pensados para ayudar a comprar la primera casa siguen sin moverse mientras el plazo corre.
Que el Gobierno haya prorrogado la medida dos años más, hasta 2027, se entiende mejor con estas cifras delante. No se prorroga algo que ya cumplió su función. Se prorroga algo que todavía no ha despegado.
Por qué casi nadie lo usa
Las razones se reparten entre el desconocimiento, la letra pequeña y un mercado que aprieta por el otro lado. Mucha gente que encaja en el perfil ni siquiera sabe que el aval existe, o lo confunde con una subvención. Otros descubren que el problema no era solo la entrada: con los precios de venta donde están, la cuota mensual de un préstamo al 95% sale alta, y el banco sigue mirando que los ingresos aguanten ese pago sin ahogar la economía familiar. El aval abre la puerta del ahorro, pero no toca el precio de la vivienda ni los tipos de interés.
Y mientras tanto, el alquiler empuja en dirección contraria. El precio medio del alquiler en Barcelona alcanza los 18,4 euros por metro cuadrado al mes en 2026, un 8,2% más que el año anterior. Quien paga eso cada mes tiene la motivación intacta para comprar, pero a la vez le resulta casi imposible ahorrar el resto de gastos que el aval no cubre. La pinza es cruel: el alquiler caro es la razón para querer comprar y, al mismo tiempo, el obstáculo para poder hacerlo.
Qué conviene saber si encajas en el perfil
Si tienes menos de 35 años o hijos a cargo, vas a por tu primera vivienda y esta no supera los 325.000 euros, el aval merece al menos una consulta seria. El trámite no se pide en una ventanilla del ICO: se solicita directamente en el banco, que verifica que cumples y aplica la garantía pública al firmar la hipoteca. Conviene comparar entre varias entidades adheridas, porque el aval es el mismo pero las condiciones del préstamo (interés, comisiones, vinculaciones) las marca cada banco.
Antes de lanzarte, haz dos cuentas. La del ahorro que sí necesitas, ese 5% más impuestos y gastos, para no llevarte un susto. Y la de la cuota mensual real, para confirmar que comprar te sale a cuenta frente a seguir alquilando. El aval resuelve la primera barrera. La segunda, la del precio, sigue siendo tuya.
La herramienta está ahí, prorrogada y con 2.250 millones de euros todavía sin tocar. Que se use o no dependerá de que llegue a quien la necesita y de que el resto de las piezas (precio, cuota, ingresos) encajen. Por ahora, la gran promesa del 5% ha movido apenas una décima parte de su dinero.
Ramón Ibarra
Escribe en La Plaza sobre deporte, motor y cultura.
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