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La "puerta sísmica" de California y el Big One que llevamos mil años esperando

Un estudio revisado por pares sitúa el estrés de las fallas del sur de California en su nivel más alto en mil años y señala un punto exacto que decidirá si el próximo gran terremoto se queda en casa o se desborda.

Diego Palomar

Diego Palomar

19 de junio de 2026
La "puerta sísmica" de California y el Big One que llevamos mil años esperando

Cada cierto tiempo, California vuelve a recordarnos que vive sobre una grieta. Esta vez no ha sido un temblor, sino un dato: las fallas del sur de California acumulan hoy la mayor tensión de los últimos mil años. Lo afirma un estudio revisado por pares publicado el 10 de junio de 2026 en Journal of Geophysical Research: Solid Earth, y lo más inquietante no es solo la cifra. Es el concepto que la acompaña: una "puerta sísmica" capaz de decidir el tamaño del próximo gran terremoto, el famoso Big One.

Mil años de presión acumulada

El trabajo lo lidera Liliane Burkhard, geofísica de la Universidad de Berna y de la Universidad de Hawái en Mānoa, con un equipo internacional en el que participan la Universidad del Norte de Arizona, el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) y el Instituto Scripps de Oceanografía de la Universidad de California en San Diego.

No hablamos de una corazonada. El equipo construyó un modelo físico tridimensional del ciclo sísmico y lo alimentó con unos mil años de historia de terremotos reconstruida a partir de evidencia geológica: datación por radiocarbono de sedimentos desplazados y anomalías en los anillos de los árboles. Con esa base, el modelo simula cómo se ha ido cargando y descargando el estrés en las fallas a lo largo de los siglos.

El veredicto es claro. En palabras del propio estudio, los niveles de estrés en varios segmentos están ahora igual o por encima de los valores más altos del último milenio. La región, advierten, "podría ser capaz de una ruptura continua que atraviese ambos sistemas de fallas".

La puerta de Cajon Pass

Aquí entra el concepto que ha hecho viajar la noticia por medio mundo. Las dos grandes fallas del sur de California (la de San Andrés y la de San Jacinto) se encuentran en un punto concreto: Cajon Pass, el angosto paso de montaña por el que la interestatal 15 cruza las cordilleras transversales al noreste de Los Ángeles.

Ese cruce funciona como una compuerta. Según el estudio, Cajon Pass puede bloquear una ruptura o dejarla pasar, y de esa decisión depende casi todo:

  • Si la puerta se cierra, el terremoto se confina a una sola falla. Grande, pero contenido.
  • Si la puerta se abre, la ruptura salta de un sistema al otro y encadena ambas fallas en un único evento mucho más extenso y destructivo.

Lo decisivo, subrayan los autores, no es solo cuánta tensión se ha acumulado en cada falla por separado, sino lo alineadas que estén ambas en el momento de romper. Y justo eso es lo que el modelo detecta ahora: una alineación de estrés que se parece a las condiciones históricas de las grandes rupturas que cruzaron de lado a lado.

La historia ya nos dio dos ensayos

La parte más elocuente del trabajo no es el futuro, sino el pasado. El sur de California ya ha jugado esta partida dos veces, con resultados opuestos.

El 8 de diciembre de 1812, el terremoto de Wrightwood (magnitud estimada en torno a 7,5) atravesó Cajon Pass y rompió la falla de San Jacinto y la de San Andrés en un solo evento continuo. La puerta estaba abierta. En cambio, el gran terremoto de Fort Tejon de 1857, de magnitud 7,9, se detuvo en seco al llegar al paso: la San Andrés rompió sola y la puerta permaneció cerrada.

Dos episodios, dos comportamientos. El estudio sugiere que hoy las condiciones se acercan más al guion de 1812 que al de 1857. Con una diferencia incómoda: lo que en 1812 era un territorio casi despoblado, hoy alberga a millones de personas en Los Ángeles, San Bernardino, Riverside y el valle de Coachella.

Lo que el estudio NO dice

Conviene bajar el termostato del alarmismo, porque la propia autora lo hace. El trabajo es tajante en un punto: "No es una predicción de cuándo ocurrirá un terremoto". Nadie sabe la fecha. Una falla puede estar críticamente cargada y aguantar años, o décadas. El estudio mide la presión del sistema, no su reloj.

Para dimensionar lo que está en juego, sirve un escenario ya conocido: el ejercicio ShakeOut del USGS, que modela un seísmo de magnitud 7,8 en el sur de la falla de San Andrés. Sus números (aproximadamente 1.800 muertos, 50.000 heridos y unos 200.000 millones de dólares en daños directos) explican por qué cada nuevo dato sobre estas fallas se lee con el pulso acelerado.

Por qué nos fascina tanto

Hay algo profundamente humano en esta historia. La ciencia rara vez nos regala metáforas tan nítidas como la de una "puerta" que se abre o se cierra bajo nuestros pies. Es un recordatorio de que vivimos sobre placas que se mueven a su ritmo, indiferentes a nuestros calendarios y a nuestras ciudades.

La lección práctica no es nueva, pero el estudio la vuelve a poner sobre la mesa: en zonas sísmicas, la preparación importa más que la predicción. Kits de emergencia, edificios reforzados, planes familiares. Cosas aburridas hasta el día en que dejan de serlo.

Y para quienes seguimos la actualidad desde la distancia, queda la curiosidad pura: la de un planeta que lleva mil años cargando un resorte y la de una compuerta de roca que, algún día, decidirá cómo se libera. La fecha la pone la Tierra. A nosotros solo nos toca estar atentos.

Diego Palomar

Diego Palomar

Arquitecto cloud centrado en costes y resiliencia.

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