Lamine entra en la historia y Oyarzabal firma el alivio: España golea 4-0 a Arabia Saudí en Atlanta
El primer gol mundialista del de Mataró y el doblete del capitán de la Real borran el bochorno de Cabo Verde y devuelven a la Roja al pelotón de favoritos.
Ramón Ibarra

El fútbol tiene esta costumbre de corregirse a sí mismo en cuestión de días. El martes pasado, España salió del estadio con cara de no entender nada después de un 0-0 contra Cabo Verde que sonaba a chiste y dolía como una bofetada. Ayer, en Atlanta, la misma selección desmontó a Arabia Saudí con un 4-0 que no admite peros. Entre un partido y otro no hubo refundación ni discurso motivacional de película. Hubo, sobre todo, un chaval de 18 años decidido a recordarle al planeta por qué se habla tanto de él.
El gol que ya es de los libros
A los diez minutos, Álex Baena filtró un balón a la espalda de la defensa saudí, Mikel Oyarzabal lo peinó hacia atrás y Lamine Yamal hizo lo que mejor sabe: aparecer donde hay que aparecer y resolver sin temblar. Primer gol mundialista de su vida. Y no uno cualquiera.
Con 18 años, 8 meses y 343 días, Lamine se convirtió en el segundo futbolista más joven de la historia en marcar en una Copa del Mundo. Por delante, una sola persona: Pelé, que en 1958 anotó con 18 años y 138 días. Hablamos de un récord que llevaba 68 años intacto y que el de Mataró ha estado a poco más de 200 días de igualar. Que el único nombre que se interpone entre Lamine y la cima sea el del brasileño dice bastante de la dimensión del momento.
Conviene no perder la cabeza, que ya nos pasó factura idolatrar demasiado pronto a otros talentos, pero tampoco hay que hacerse el indiferente. Lo de ayer no fue marketing ni titular inflado: fue un récord verificable, un dato frío que se sostiene solo. Y lo mejor es cómo llegó. Sin aspavientos, casi con desgana adolescente, como quien sabe que esto no ha hecho más que empezar.
Oyarzabal, el adulto en la habitación
Si Lamine puso la épica, Mikel Oyarzabal puso la solvencia. El capitán de la Real Sociedad firmó un doblete en tres minutos (minutos 21 y 24) que partió el partido en dos y dejó a Arabia Saudí sin plan B antes del descanso. Fue, con diferencia, el mejor sobre el césped.
Hay algo muy reconfortante en el Oyarzabal de este torneo. En una selección donde la juventud acapara focos y portadas, él es el tipo silencioso que aparece cuando hace falta, sin pedir nada a cambio. No es casualidad que fuera suyo el gol que dio la última Eurocopa y que ahora sea suyo el doblete que reactiva el Mundial. Los equipos campeones necesitan estrellas, sí, pero también necesitan a alguien que convierta el caos en goles sin despeinarse.
El 4-0 lo redondeó el central Hassan Tambakti en propia puerta nada más arrancar la segunda parte (minuto 49). Goleada limpia, sin sustos, y un detalle simpático: Luis de la Fuente cumplía 65 años. Difícil imaginar mejor regalo de cumpleaños que ver a tu equipo recuperar de golpe todo lo que parecía haber perdido.
El contexto: del ridículo a la reivindicación
Para entender por qué este partido pesa tanto, hay que volver al debut. El 0-0 contra Cabo Verde no fue mala suerte ni un día gris: fue un aviso. España disparó, mereció, acumuló posesión y se estrelló una y otra vez contra Vozinha, un portero que firmó la actuación de su vida. Cabo Verde se llevó un punto histórico y España, la sensación de que ser favorita sobre el papel no garantiza absolutamente nada.
Ese tropiezo dejó al Grupo H apretado y a la Roja con la obligación de responder ya. Lo ha hecho de la manera más contundente posible. Así queda la foto:
- España: 4 puntos, +4 de diferencia de goles, líder del grupo.
- El cuadro lo completan Cabo Verde, Uruguay y Arabia Saudí, con un grupo que sigue abierto pero ahora con la Roja arriba.
El recordatorio para los optimistas de gatillo fácil: un 4-0 a Arabia Saudí no convierte a nadie en campeón. Pero sí cambia la energía. Tras el partido contra Cabo Verde, el ruido era de crisis; tras Atlanta, vuelve a hablarse de España como una de las grandes. La frontera entre una cosa y otra son, literalmente, cuatro goles.
Lo que viene: Uruguay y el billete a la siguiente ronda
La cita decisiva es el sábado 27 de junio a las 2:00 (hora peninsular) contra Uruguay. Y aquí las cuentas son amables. En este Mundial de 48 equipos, con ronda de dieciseisavos y clasificación para los dos primeros de cada grupo más los mejores terceros, a España le vale incluso el empate frente a la Celeste para sellar el pase. Si gana, se asegura el primer puesto sin depender de nadie. Solo una derrota la metería en el resbaladizo cálculo de los mejores terceros.
Dicho de otro modo: España llega al partido más exigente del grupo con casi todo el trabajo hecho y, encima, con la moral por las nubes. No es mal sitio donde estar.
Habrá tiempo de discutir si esta selección es candidata real o un equipo brillante a ratos que todavía depende demasiado de la inspiración de sus chicos jóvenes. Lo de ayer no resuelve ese debate, pero sí recuerda algo elemental: cuando Lamine se enciende y Oyarzabal acierta, hay muy poca gente en el mundo capaz de pararlos. El sábado, contra Uruguay, sabremos si lo de Atlanta fue un día redondo o el principio de algo más serio.
Mientras tanto, conviene disfrutarlo. No todos los días ves a un chaval de 18 años colarse en una lista donde solo está Pelé.
Ramón Ibarra
Escribe en La Plaza sobre deporte, motor y cultura.
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