Volver a La Plaza
3 min de lectura

Llegar al quirófano en forma: la idea que cambia la recuperación de los mayores

Entrenar cuatro semanas antes de una operación, con ejercicio, dieta y apoyo emocional, redujo un 18% las complicaciones en pacientes de 75 años o más. La letra pequeña: el estudio se hizo en China.

Diego Palomar

Diego Palomar

20 de junio de 2026
Llegar al quirófano en forma: la idea que cambia la recuperación de los mayores

La operación empieza antes de la operación

Durante décadas hemos pensado la cirugía como un acontecimiento puntual: te duermes, te operan, te despiertas y empieza la recuperación. Una idea cada vez más extendida le da la vuelta a ese guion. La recuperación no arranca en la sala de despertar, sino semanas antes, en casa, con unas zapatillas de deporte y un plato bien pensado. Se llama prehabilitación, y aunque el palabro suene a invento de gimnasio, detrás hay una lógica de sentido común: si alguien llega a la operación más fuerte, mejor alimentado y menos asustado, sale mejor parado.

Un trabajo publicado el 16 de junio de 2026 en Annals of Internal Medicine pone cifras a esa intuición. Pacientes de 75 años o más, a punto de pasar por una cirugía de fusión espinal (una operación nada menor de la columna), siguieron durante cuatro semanas un programa que combinaba tres patas: ejercicio físico, consejo nutricional y apoyo psicológico. El resultado fue un 18% menos de probabilidad de sufrir complicaciones después de la operación. En personas mayores, donde una complicación postoperatoria puede encadenar semanas de hospital y a veces no tener vuelta atrás, esa diferencia pesa.

Qué se hizo, exactamente

Conviene no convertir esto en una receta mágica. El programa duró cuatro semanas, ni una sesión suelta ni un cambio improvisado la víspera. Las tres patas trabajaban juntas y cada una aporta lo suyo.

  • Ejercicio: llegar con más reserva muscular y mejor capacidad cardiorrespiratoria, para que el cuerpo aguante el golpe de la cirugía.
  • Nutrición: corregir carencias y reforzar las proteínas, porque un mayor desnutrido cicatriza peor y se infecta más fácil.
  • Apoyo psicológico: rebajar la ansiedad y el miedo, que también influyen en el dolor percibido y en las ganas de moverse después.

El estudio encontró además que el beneficio no se repartió por igual. Fue mayor en mujeres, en las fusiones lumbares (la zona baja de la espalda) y, curiosamente, en pacientes con más formación. Ese último dato invita a una lectura incómoda: probablemente quien entiende mejor las instrucciones las cumple mejor, y ahí asoma una brecha que el sistema sanitario debería cubrir explicando las cosas claras a todo el mundo, no solo a quien ya parte con ventaja.

La cautela honesta: esto se hizo en China

Aquí toca frenar y ser sinceros. El estudio se realizó en China, y los propios autores avisan de que sus resultados podrían no trasladarse igual a otros países. La razón no es desconfianza, sino realismo. La nutrición de base de la población, los hábitos de actividad física y la manera de organizar la atención sanitaria difieren de un sitio a otro. Un programa que rinde mucho cuando hay margen de mejora nutricional quizá rinda menos en alguien que ya parte de una dieta razonablemente equilibrada.

Dicho de otro modo: el 18% es una señal sólida y esperanzadora, no una garantía calcada para un abuelo de Cuenca o de Bilbao. La dirección del hallazgo encaja con lo que la medicina lleva años observando sobre la fragilidad y la reserva fisiológica de los mayores. La magnitud exacta, en cambio, habrá que confirmarla con pacientes europeos antes de prometer nada.

Qué pueden hacer las familias

Si en casa hay una operación programada, esta investigación ofrece un mensaje práctico y prudente: las cuatro semanas previas no son tiempo muerto. Son una oportunidad. Nada de esto sustituye al criterio médico, pero sí da pie a una conversación con el equipo que opera.

El primer paso es preguntar. ¿Tiene sentido un poco de ejercicio supervisado antes de entrar? ¿Conviene revisar la alimentación con un profesional, sobre todo las proteínas? ¿Hay forma de acompañar el miedo de quien va a operarse, hablándolo o con ayuda especializada? Son preguntas baratas que pueden cambiar mucho.

El segundo es no improvisar. Mandar a un mayor de 78 años a caminar diez kilómetros porque lo ha leído en internet puede ser contraproducente. La gracia del programa estudiado es que estaba pautado, era progresivo y combinaba las tres patas a la vez. La prehabilitación bien hecha es trabajo de equipo entre el paciente, la familia y los sanitarios.

El tercero, quizá el más fácil de olvidar, es el componente humano. El apoyo psicológico no era un adorno del estudio: era una de las tres patas. Acompañar, escuchar, restar dramatismo y sumar compañía cuenta tanto como contar las repeticiones. A veces la mejor preparación para un quirófano es llegar menos solo y menos asustado.

La idea de fondo es sencilla y poderosa: la vejez no condena a recuperarse mal. Llegar en forma, dentro de lo posible, está más en nuestras manos de lo que pensábamos.

Cobertura en español del estudio: Infobae, 20 de junio de 2026.

Diego Palomar

Diego Palomar

Escribe en La Plaza sobre tecnología, viajes y consumo.

Comentarios (0)

No hay comentarios todavía. ¡Sé el primero en comentar!